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viernes, 17 de septiembre de 2010

Taiwo a FIFA.Com: "Ghana es el ejemplo a seguir en Africa"


Una inmensa sonrisa, un temible disparo, y 90 minutos de actividad incesante en cada partido es lo que más distinguió al nigeriano Taye Taiwo cuando guió a su selección hasta el segundo puesto de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Holanda 2005. Cinco años después, un futbolista hecho y derecho pero igual de poderoso, jovial y simpático ocupa el carril izquierdo del Olympique de Marsella y de las Súper Águilas. Formado en el Lobi Stars, el joven defensa no tenía más que 19 años cuando el Marsella contrató sus servicios para suplir a Bixente Lizarazu. Al cabo de apenas dos partidos como reserva, saltó al césped por orden de Philippe Troussier para ocupar el puesto de lateral izquierdo, que enseguida transformaría en su coto privado pese a la llegada regular de competidores. Hasta el punto de ser elegido mejor lateral zurdo de Francia por sus colegas dos años seguidos. Taiwo, que ha ganado fama por la potencia de su zurda y la ferviente admiración de Laurent Blanc, es hoy por hoy uno de los jugadores más apreciados por el público marsellés.En 2010, su progresión y su motivación resultaron recompensados con el título de campeón de Francia y de la Copa de la Liga. Ese éxito se vio desgraciadamente empañado por una campaña deslucida con su selección en la Copa Mundial de la FIFA, donde cayó eliminado en la primera ronda. Ante los micrófonos de FIFA.com, Taiwo reflexiona sobre su aventura marsellesa, la decepción sudafricana y el ejemplo ghanés para el fútbol africano.

-Sr. Taiwo, como suele ocurrir cada entretemporada, se ha rumoreado que se iba usted a España, a Italia o a Inglaterra, y sin embargo ha vuelto a comenzar el nuevo curso en el Marsella. ¿Le gusta estar en este club?

--Me sigo sintiendo feliz aquí. Llegué muy joven, directamente de Nigeria, dejando muy lejos a mi familia y mis amigos. Pero enseguida fui recibido con los brazos abiertos en una gran ciudad y en un gran club. Eso me ha permitido progresar y conocer la máxima competición. Hoy me siento como en casa. No es imposible que haga toda mi carrera aquí, y si me tengo que marchar algún día, sé que Marsella tendrá siempre un lugar en mi corazón. Pero de momento, estoy muy contento donde estoy.

-En mayo, el Olympique de Marsella conquistó la Liga y la Copa de la Liga de Francia, los primeros títulos del club desde hace 17 años. ¿Qué recuerdos guarda de esa proeza?

--Evidentemente, es un momento inolvidable. Para mí en particular, porque lo que más me gusta del mundo es ganar. ¡Toda mi familia en Nigeria se echó a llorar cuando se enteró! Luego, es una recompensa para el club, que ha trabajado muy bien y, desde que estoy aquí, no ha cesado de progresar. Estuvimos cerca de la cima los dos años anteriores, y puede que la llegada de Didier Deschamps nos haya aportado lo que nos faltaba para llegar a lo más alto. Por último, también es una inmensa recompensa para los seguidores. Nos siguen dondequiera que vamos, se gastan su tiempo y su dinero para seguirnos en autobús, en tren o en avión. Nos alegramos muchísimo de poder darles las gracias por su apoyo con esos trofeos.

-Desde el año pasado, tiene más responsabilidades. A veces porta el brazalete de capitán, otras tira los penales. ¿Le gusta ese papel?

--No soy de los más viejos, pero sí de los más antiguos. Es un placer y un honor ver que el entrenador y mis compañeros me tienen confianza. Son ellos los que han decidido que yo tire los penales, como el año pasado al final de temporada en Boulogne. Era un partido difícil, y nos pitaron un penal a favor en el último minuto. Todos dijeron: "¡Qué lo tire Taye!". Cuando te demuestran que confían en ti hasta ese punto, no se puede fallar. Estaba obligado a meterlo por encima de todo, y esa victoria (2-1) fue muy importante para conseguir el título.

-Desde su llegada al Olympique de Marsella, el club ha contratado varios laterales izquierdos. Pero cuando se hace balance al final del ejercicio, siempre es usted quien disputa los partidos en esa demarcación. ¿Qué tal lleva el tema de la competencia?

--No hay nada que temer. Sea cual sea la competencia, se resuelve trabajando duro y haciendo méritos. ¿Por qué preocuparse cuando otro jugador llega al mismo puesto? Yo sigo dando el máximo para demostrar que soy el mejor en mi puesto. Si convenzo al entrenador, tanto mejor: juego y estoy contento. Si hay otro que trabaja mejor que yo, le digo "¡bravo!", me siento en el banquillo y apoyo a mis compañeros. Así es como se gana una competición: con buenos jugadores, pero también con buen estado de ánimo.
Su estado de ánimo supone asimismo no hacerse preguntas. Tanto en su club como en la selección, usted da la impresión de dar el máximo en cada partido y de no dudar jamás, ni siquiera cuando se le critica.Es mi manera de jugar: siempre a fondo. A mi entender, cada adversario, sea cual sea su nivel, tiene el mismo oficio que yo. Si él lo da todo, yo no tengo el derecho a dar menos. No debo ni subestimarlo ni tenerle miedo. Da igual contra quién juegue, mi misión es la misma: impedirle que pase el balón y ayudar a mi equipo en las tareas ofensivas. Ya se trate de un partido del Mundial, de la Liga de Campeones o contra un equipo de quinta división: durante 95 minutos, no se puede legítimamente levantar el pie del acelerador. Por supuesto que es imposible acertar todo el tiempo; se me puede criticar, pero jamás se me podrá reprochar que no lucho o que no intento mejorar.

-Nigeria naufragó en la primera ronda de la Copa Mundial. ¿Qué análisis hace usted de ese fracaso?

--Fue una gran decepción, porque teníamos grandes jugadores y podríamos haberlo hecho mucho mejor. Pero no se pueden hacer milagros cuando se nombra un entrenador justo antes del torneo. Él (Lars Lägerback) apenas conocía a los jugadores principales. Hace falta tiempo para conocer a todos los miembros del equipo, en qué sistema se sienten a gusto, la colocación, la complementariedad, la combinación idónea de jugadores expertos y de jóvenes. Sería ridículo pensar que nos eliminaron por culpa de la tarjeta roja a Sani Kaita (contra Grecia). Por eso lamentamos tanto que nuestro grupo no llegara más que hasta ahí.

-Usted ha conocido seleccionadores europeos ilustres, como Berti Vogts o Lars Lägerback, y técnicos nigerianos como Shaibu Amodu o Christian Chukwu. ¿Cuál es el perfil de entrenador ideal para Nigeria?

--Hace falta un seleccionador que tenga tiempo, eso es todo. Tiempo para familiarizarse con la mentalidad africana en general, y la nigeriana en particular; para conocer a cada uno de los jugadores, sus cualidades y sus defectos; para encontrar el mejor sistema en función de los mimbres disponibles; para mejorar los puntos fuertes después de una victoria y corregir los errores después de una derrota. La llegada de Samson Siasia sin duda nos hará bien. Él sabe todo eso y conoce bien a los jugadores y los métodos de trabajo. Fue mi entrenador en la selección sub-20 y me alegro de volver a encontrarme con él.

-Después de la ausencia de su selección en Alemania 2006 y su precoz eliminación en Sudáfrica 2010, ¿tiene usted la impresión de que Nigeria ya no progresa?

--Es el problema general del fútbol africano. No se tiene paciencia ni objetividad en los análisis. Cuando ganamos un partido, ya nos ven campeones del mundo, y todos quieren apropiarse la victoria. Y cuando perdemos, de repente hay que cambiarlo todo. Cuando las instancias directivas tengan paciencia y estabilidad, podremos progresar. Hay que tomar a Ghana como ejemplo. Han mantenido el mismo seleccionador, han tenido tiempo de trabajar, se conocen bien y juegan los unos para los otros. No es de extrañar que hayan sido los mejores representantes de África en el Mundial.

-¿Es Ghana entonces el mejor equipo africano en este momento?

--Es el ejemplo a seguir. Ellos llegaron a Sudáfrica sin estrellas, pero han jugado por su país, mientras que en las demás selecciones, los jugadores intentaban hacer la mejor actuación individual posible. Los ghaneses son organizados, disciplinados, se repliegan en cuanto pierden el balón, juegan bien y rápido. Han tenido tiempo de aprender a jugar juntos, de conocer a su seleccionador y de aplicar su sistema. Además tienen un excelente equipo de jóvenes. Lo han entendido todo. Hace falta que nosotros también lo entendamos.

-Para terminar, la potencia de su disparo es proverbial. ¿Sigue entrenando sus lanzamientos? ¿Y qué jugador dispara más fuerte que usted?

--Más fuerte no lo sé, pero el brasileño Roberto Carlos y el noruego John Arne Riise tampoco son cojos. No obstante, no creo que la potencia sea algo que se pueda entrenar, es innata. En cambio, la puntería es otra cosa. Y ahí sí que sigo entrenándome (ríe).


**Publicado en FIFA.com

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